Recreo
Mujer, reconozcamos que la muerte en comprimidos a
veces viene caducada, comprendamos que enterrarnos alfileres en las alas no
frenará el irremediable orgasmo de oreja que nos dejan los de abajo. Suficiente
el complejo de ciénaga. Aunque sigamos solas y con la sonrisa en armadores,
sabes que el recreo ha llegado, salgamos a buscar lobos en las braguetas de los
bosques.
Porque no somos el desayuno del banquero, ni la
madrugada del obrero. Mujer, divorciemos los instantes de vaivén, que la mano
puede más, desde que nos dieron una costilla de pescado, desde que nos
arrancaron del árbol y mordieron la mitad de nuestros pasos. Dopemos a los
payasos milenarios, ilesas nos dicen porque los miembros están complejos. Nos
lamentan porque consumimos el falo más huraño. Nos declaran mustias sólo porque
la palabra regurgita sin pentagrama. Ni las drogas nos salvan de este túnel
retrógrado que nos pronuncia con sílabas epilépticas. Seamos fuertes porque tú
mujer (si nos tiembla la ironía de ser mundanas) siempre has tenido el arma en
tus encías como plan B.

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