viernes, 31 de agosto de 2018

En Casa (La Mujer de Helio) - Dina Bellrham

En Casa

Ha vuelto, pero está rabiosamente mohína: llamemos a la farmacia, urjamos los brebajes y alfileres. En volteretas tramemos la huida del pez en su estante de adorno. Aerobias eternas nos han cosido los sueños al piso. Reos y genes circulan en nuestro tálamo, yo vivía en el estómago de los retratos, y en la víspera de las esquinas, me vestían con el cuerpo de una mujer canguro que tostaba su frente en la desidia. Era murciélago anémico. Es notorio cuando vuelves y las muñecas crepitan, sueltan sus gritos de péndulo, de antaño. Ambas, locura y helio, talamos lágrimas. Se hace tarde en las palabras, las estaciones se dejan meter manijas; pero nosotras vamos por el orbe masticando horas, cada vez hay menos niñas que violar, todas van creciendo y se vuelven ninfómanas.

Una Mentira (La Mujer de Helio) - Dina Bellrham

Una Mentira

Mi hemisferio es ovoide con tendencia maníaca en sus polos. Falto de puertas y excesivo de espejos porque necesito multiplicarme, sobre todo para abrazarme y sentirme protegida cuando los inquilinos hacen sus bataholas. Odio las voces que viajan recolectando dientes o colocan luces en las horas de furia. Me quieren poner un columpio en medio de la sala, justo donde está Ella.

Ayer me observaba aterrorizada mientras jugaba con el hilo que la sostiene. Estamos árboles, pero de estáticas; y yo abría mis piernas para callarla. Estamos mudas, viciadas, no somos nada. Siempre fui sola, y me inventé a la otra para culparla de loca, a veces quisiera ser ella.

La mesa rebosa de frutos y tengo hambre.

Ausencia (La Mujer de Helio) - Dina Bellrham


Mis versos eran una mesa quirúrgica. Repartía incisiones desde el manzano. Los bisturíes hacían sus barahúndas proletarias y pedían un día de guardar. Yo azotaba sus filos a mi vientre hasta quedar vacua, bífida.

Ella compartía sus escombros, su melancolía flotante.

Hace tanto que no mastico su sexo ni violamos niñas. Ya no vendrá, he destruido su templo, los gritos son ramas fibrosas, marcas —putos jeroglíficos—. Los tranvías, los descarriados caminos relinchan polidípsicos. Solía construirte las palabras náuticas desde mis carriles. Cuando era tripas y tu voz recóndita me acercaba a los sismos.

Estación I (La Mujer de Helio) - Dina Bellrham

Estación I

la muerte se muere de risa, pero la vida
se muere de llanto, pero la muerte, pero la vida
pero nada nada nada

Alejandra Pizarnik

Había olvidado el rostro en la ciudad de mi infancia, mientras tantas plegarias transitan esófagos y nos mentimos a corto plazo. Mi cuerpo tartamudeaba al compás de los voltios; ellos no hablarán jamás de la sordera lúdica en vientres y báculos, ni de la lluvia que fermenta el grito acunado en las camisas de fuerza.
Habrá miedo en los inviernos y la cosecha contemplará hambre mordiéndose los dedos. Cada tanto mi cuerpo reposará en las sogas, andará descalzo, camuflará su mandíbula de hiena. El edificio sin orejas me alejará del helio de los suburbios.

Volveré al caos disfrazada de cordura, a vomitar el irrefrenable silencio que me dejan las palabras.

Rejillas (La Mujer de Helio) - Dina Bellrham

Rejillas

Don't let yourself go,
everybody cries and
everybody hurts sometimes
R.E.M.

Cuando la gula venga a la dentadura de nuestro hogar, no le tientes tus manos, puede devorar los mapas de las plegarias de Júpiter; y disculpar el vacío de los hijos de la madrugada. Cuando sea histeria y olvide la rotación de la cordura en mis voces extraviadas. Ese momento será mutismo y cobardía pues las sombras se irán dispersando por los huesos, y querrán regresar a la fosa común de los destrozados, porque cuando hubo luz, el hombre se dio cuenta que la oscuridad existe y mata, gobierna y tala los troncos.

Si comparo a la hormiga que comí hace media hora y los loros proclamando sus cánticos predecibles dentro de sus jaulas de piel de viejas anacrónicas; la hormiga le viene bien al gástrico reposo de mis muslos. Si permuto mi cabeza con el amor inexorable de los padres-tierra, tal vez salve alguna meninge, tal vez siga fecundando sin erección de la multitud, mi calabaza llena de botones. Todos construimos la desgracia donde gritamos.

Si el del penthouse está solo con el frigorífico lleno y la nostalgia vacía de tanto darle vuelta como un vaso de licor. Prefiero al mendigo que une el calor de los cuerpos, que remeda un calzoncillo nutrido de espermas, prefiero la nostalgia frente a una boca enlutada, las caricias recién nacidas en los tachos de la lujuria.

Fondo Musical