viernes, 7 de septiembre de 2018

Desviación De Los Cuentos De Hadas - (Je Suis Malade) Dina Bellrham

Desviación De Los Cuentos De Hadas


I
el final del bosque
es una fiebre temprana
y la tierra
tiene el peso de los pájaros:
estoy perdida
pero
todos los finales
son un bosque
fiebres tempranas
livianísimos.

(Blancanieves)

II
quisiera estar donde mi ojo brillaba,
pero cuando voy a verme sigo detenida
y mi boca parece un caleidoscopio;
entonces regreso con ésta mujer
disfrazada de mí

ella es exasperadamente nueva
perfectísima.
(Dorothy)

III
sólo recuerdo las palabras imprescindibles
como la partícula del vacío
o xilófono

silencio
burbujas

es que las palabras son inmutables

terrible que emerjan
de seres prescindibles
(La cenicienta)

IV
tarde,
el relámpago.

Pensé que era temprano
y desperté traslúcida sobre una hoja

(La bella durmiente)
 

A - (Je Suis Malade) Dina Bellrham


A

“Más que por la A de amor estoy por la A
de asma, y me ahogo
de tu no aire, ábreme”
Gonzalo Rojas.

La tumba me zumba desde la epiglotis. Cómo duele lanzar un grito en medio de los árboles. Respirar se me ha vuelto tan desesperante. ¡Ah disnea!, esa capacidad la tuya de dejarme trémula en media vereda, en media cena, en media distancia hacia el apocalíptico murmullo de los bronquios, que gimen su tortura; y pensar que quería usar la bufanda para apresurar el salto de canguro del miocardio. Están de luto las sextas uñas. Vocifero una espuma de hematíes y las palabras me salen cortadas, ahogadas… La tos es la muerte del amor de cantinas. La tos no escatima súplicas a la afonía verde de los insectos. Y pensar que siempre quiero marcharme dejando las maletas debajo del catre, y el abrigo puesto en el cuerpo de otra.


Penumbra - (Je Suis Malade) Dina Bellrham

Penumbra


mi perro observa su reflejo anonadado,
concilia el sueño entre mis piernas
temprana aullidos, descansa baba,
mi perro huye del gemelo bicolor
que aparece en las sombras.

nietzsche no pensó en los canes
cuando apolillaba úteros
y enmudecía las trompas de Falopio.

Lisis - (Je Suis Malade) Dina Bellrham


Lisis

quisiera que sientas
el dolor en las ramas,
el hambre del tren a su paso,
el grito de la niña
cuando viola sus muñecas.

esto de abrir las piernas
es tan siniestro
como crear bocas en mis manos.

es lastimero esto de esperarte
d   i   s   p   e    r   s    a
para dormir enredada en los árboles.

a veces soy el florero de todas las salas
alojando dientes en tus costillas

qué bueno es esto
de abandonar los ojos en el baño.



Encenderme - (Je Suis Malade) Dina Bellrham


Encenderme

Acostumbrada a reposar en los ceniceros y en las cloacas. Eso de encenderme la luz del velador en media pesadilla es atroz. Desnuda me anuncio tumba para asustar a los príncipes y me vuelvo a esconder en las hojas de Alejandra: su silencio es perpetuo, como el gas de la estufa cuando lo dejas hambriento queriendo que pase lo atemporal. Que me traguen los árboles otoñales, las sillas de ruedas, el purgatorio; que me secuestre Cerbero en su uña ponzoñosa; que se mueran esas alevillas que renacen las úlceras. Todo el miedo lo he bebido en una danza de falanges, estacionadas como fiestas de diabéticos crónicos. Rompen mi ventana los picos de pájaros relámpagos, de pájaros sonrisas, de pájaros murmullos. Incrédula, hasta de mí reflejo que me rasguña tiempos de arena y cocteles. Es difícil acercarse a la humanidad cuando hueles con impotencia las flores que vienen a regalarte cada mañana en tu lápida.


Los Amorosos Anónimos - (Je Suis Malade) Dina Bellrham

Los Amorosos Anónimos


Ser la cazadora de los unicornios en los cuentos donde los castillos apenas se reconocen o son fosas donde descansan los sapos que jamás se convertirán en príncipes, ni siquiera en hamacas en donde reposar mis voces maniatadas es vicioso, cancerígeno. Todos quieren dos piernas abiertas en el desayuno y espaldas nutridas de llanto para no recordar los rostros. Queremos zapatos de fiestas y huellas descalzas para transitar en casa sin que ningún reflejo o timbre nos moleste en los paseos oníricos, queremos andar solos y acompañados cuando la entrepierna murmura como esquizofrénico en plena escena idílica. El reloj nos gana la carrera siempre, y ya es tarde cuando no nos reconocemos en las fotos del bautizo del hijo del mejor amigo, ni en el carnet de secundaria, cuando éramos embriones, ebriamente felices. Yo he lamido heridas ajenas sólo por asegurarme una bufanda en tiempos gélidos, aunque iba ahorcando la esperanza y los amores con besos de niños. Crecemos y se nos mueren las alas. Nos hacemos mundo y giramos pretéritos, insanos. Yo me he vuelto el dragón de los cuentos, pero ya me cansa eso de buscar escondites en cuerpos vacuos que sólo desgastan sus pasos en sábanas y noches mustias. Me cansé de los amorosos anónimos y sus lapsus de primaveras.
 

Love - (Je Suis Malade) Dina Bellrham

Love
mis pies-techos aúllan
y regurgitan las goteras,
todas las torres
sobre mi abismo
                 a cuatro patas;
todos los montes
contra arbustos
                 relinchan:
no hay amor sin bragas
acumuladas de viernes
o subibajas,
me atraganto de ti,
me rebozo
           hiervo.
hay canas en mi lengua.

Los Cuerpos - (Je Suis Malade) Dina Bellrham

Los Cuerpos

Los cuerpos se curten solidarios en los abismos, alquímicos y arrendados.  Las voces subyugan lluvias parpadeantes. Cinco minutos y jadeantes volvemos a injertarnos los relojes. Los cuerpos y las almas jamás confunden placer con negocios. El silencio se cuartea, los esqueletos tiemblan vacuos, y salimos como balas a las quimeras propias, huérfanos. Los cuerpos nunca hablan del padre muerto o de la pareja infiel. Son analgésicos, sucursales del tedio. Sexo de canciones arcaicas y poemas muertos. Cigarrillos de sepelios. Suicidas fracasados. Los cuerpos se curten, aprenden a sobrellevar los saltos de rayuelas mielínicas, se saben lámparas o floreros y protestan cuando le atribuyen alas o escaleras al músculo hastiado de puertas. A veces se enferman, se cortocircuitan, gritan horizontales, son finitos, nauseabundos. Cuerpos. Caminar, fornicar, morirnos impares. El polvo no sirvió de mucho en nuestros músculos. Ni siquiera para obligar al rostro a erigir una sonrisa.

Forasteros - (Je Suis Malade) Dina Bellrham

Forasteros

“No me arregles esta noche, quiéreme roto”
Juan Manuel Faccio.

Sobre todo, desperdíciame, rocíame y tírame bajo la cama, olvídame en la estufa o déjame circular en la bañera. Sobre todo, digiéreme despacio y sin los dientes, descuidado del tiempo, de que me termine, de que fenezca y me haga hormiga. Préstame sin intereses a los amigos, háblales de mi como si fuera la chica que deslizó un domingo en la pastelería. Disimula mis marcas con disfraces de huérfanos. Absórbeme como el cigarrillo que te lo sumas de hastío. Llórame sin rabia, con cobardía. No te aprendas mi nombre, ni te robes mis gemidos. Sobre todo, siempre dame besos desconocidos, como si nunca tu cuerpo hubiera urgido al mío, como si nada, como los faroles alumbrando ecos en las madrugadas.

Soul - (Je Suis Malade) Dina Bellrham


Soul
hacemos el sexo
sin columpios
sin papilas
basta perforar(me)
sexo de paráfrasis
de ceniceros, de feromonas.

no hay gillettes que rasuren
los excesos de ternura.




Punto Ciego - (Je Suis Malade) Dina Bellrham


Punto Ciego

la ranura del llanto
es la mitad
del ojo de un niño
metido en el espejo.

el llanto
es una prolongación de hastío                  de multitudes.

por eso, el hombre
sólo llora dentro
de las reiteraciones íntimas                      del ojo

el niño, también
es una prolongación de hastío              
una subversión                                        de multitudes.

 

Perífrasis Del Poema - (Je Suis Malade) Dina Bellrham

Perífrasis Del Poema.


Es claro que éste es el poema gobernante, prolífico.

Pero mi tortuga está hambrienta. Quisiera rozar mi dedo índice en su cabeza, que sencillamente me la imagino viscosa como sus patas traseras; todas mis fobias se concentran en unos besos hasta que mi boca queda plisada en el vidrio donde la observo, y mi mano cuenta escudos en su caparazón: mi tortuga se eleva, y pienso que ama tanto mis dedos en sus placas que le he provocado un orgasmo.

Todo mi cuerpo se concentra en el poema que va a nacer. Lúdico, y mi cerebro se llena de cabezas de penes; debería masturbarme antes de escribir. La tierna, muda, pug, de ojos intranquilos, que me recuerdan a alguien que una vez me cortó algo, está extrañada; mi cuerpo es violento, mi mano baja y atrapa una ola, hasta que es arrastrada al fondo y pierde los dedos. Mi vejiga está hinchada que debo correr con el short junto a los pies y mi perra espera en la puerta del baño, cuando realmente no alcanzo a verla; se rompen otras olas: mi mascota me parece una fotografía vidriosa.

Me vuelve el poema, que debo, es obvio, hay que escribir, todas las ideas están metidas en los pulmones; pero la flema se ha movido, no sé si está, o se fue en la ola, o se quedaron prendidas en el filo de uno de mis vellos púbicos, o está en medio de la uña, junto con estreptococos, cuando bajó mi mano. He cocinado mis pies dos horas en la tina, mi rostro es un anciano en el espejo, pero los senos siguen erectos, rosados como las vulvas de las nenas en aquellas maternidades donde sus nombres están escritos tan bellamente, mientras sus familias las miran desde el vidrio, y plisan sus manos, además de sus bocas.

De lo desnudo que estaba mi reflejo ahora tiene medias de colores azules y verdes haciendo cuadros, hay dos centímetros de piel hasta llegar a una licra, la chompa blanca es amplia que podría entrar un librero o una nube. El poema reposa en mi saliva, y estoy otoñal. Yo misma soy hija, y tengo dos hijos, la niña duerme en el piso, almohada y osito del tamaño de ella, no puedo abrazarla, tan finísima, entra en mi cuello, si pudiera contarle fábulas… es muda, no habla como el otro, oscuro como la noche. Mi amiga me pregunta si escribo poemas, en este instante ─ella es la liebre─, olvida su antigüedad que perdemos tiempo presentándonos continuamente. Miento. Le he dicho que el poema es magnífico, y vuelve a su etereidad: el asesino aparece en escena apenas dos amantes terminan una buena actuación coital. Reímos hasta que nuestra columna se curva, me duele exageradamente el diafragma que recuerdo que no hay poema. 

 

Síndrome Del Miembro Fantasma - (Je Suis Malade) Dina Bellrham


Síndrome Del Miembro Fantasma.

lo bello de un pie gangrenado
es su ausencia en la tierra;
por eso los ojos se van al pasto
y maduran como naranjos.

el cuerpo estorba
              apreta
no entra
    en el vientre de los sorbetes
ni en la estufa de mi abuela,

por eso amo mis pies lilas
cubiertos de hormigas


Tratado de la Realidad - (Je Suis Malade) Dina Bellrham

Tratado de la Realidad


era mi rodilla el bastón hambriento de polillas,
precaria, trémula, descansada de iglesias,
porque mi realidad cuando pasó
era sólo una sospecha…
las luciérnagas no necesitan interruptores
ni faros que guíen su caída al abismo;
mi lluvia suicidó la lumbre y los espejos.
porque mi realidad siempre venía
absorta y enredada en camillas blancas.
era mi sonrisa la oreja de Van Gogh
en un florero de mi estancia,
reía luego de las visitas y los tentempiés;
porque mi rostro era una simulación
de edificios y autos estacionados,
porque el mar no es mar
sin mis huesos atados como madrépora en el fondo,
porque el amor no es amor
desde que muero por costumbre ilícita
y me resucitan por limosna en los barcos.
era falda y dedo gangrenado al filo de la luna
alimentaba a los peces del dios mudo y ahorcado,
del dios que parió panes en un cuento de ogros;
porque mi fe se cayó con los dientes de leche,
y en el sudor de un niño en el semáforo en rojo.
era una muñeca de porcelana con afeites de tulipanes,
pero otras muñecas rompieron sus rieles,
porque mi realidad cuando pasó
era una sospecha
roja, cancerígena,
mundana
 

No es tan verde - (Je Suis Malade) Dina Bellrham

No es tan verde


tengo los pies sembrados en el humus.
no sé por qué todos se perturban con los árboles
y se recogen como pasas en su sombra
o le suman una casa en sus espaldas
para que los niños se crean altos.

otros dejan sus finales eupépticos
y se piensan bucólicos e inmortales.
no es tan verde ser un árbol
y que te arranquen los sexos.

no es tan teillieriano ser uno
y nombrarlo
hasta en medio del fideo de la sopa
porqué ya dije que los pies
están en el fondo de la tierra
que me aburro de los niños
arrimados en mi vulva
con sus historietas de zombies.

no ha sido gran cosa,
estar en el mismo lugar
todos los días.

prefiero ser un mueble con ruedas
y que cien nalgas me calienten.

no es tan verde, olvidar las alas.
 

Árboles - (Je Suis Malade) Dina Bellrham

Árboles


de los árboles
nidos abandonados
pájaros migrando al sur,
de los árboles
su sombra de mandíbula,
mi columna de chimpancé
                            adormecida
trenes estrábicos
                            invierno
de los árboles
locura y sed.

mis piernas
como paraguas extendidos.

Óleo - (Je Suis Malade) Dina Bellrham

Óleo


El tiempo reposa en mis fosas nasales y es absurdo. Destruyo el nudo de la soga del péndulo, abrazo el cuerpo cansado de mi perro. La soledad me habla su mundo de floreros sordomudos. Ni a los niños en mis vías les permiten correr como estufas incendiarias. No he podido pestañear las resbaladeras de antaño, los ojos de mis manos quedaron adosados a cataratas, prisioneros. La sangre nunca más vio la contaminación de los carruseles. Hasta mis lágrimas están cuajadas, inventando los delitos. Hiedo a lámparas y a focos de velador pues me arrancaron las luciérnagas de los pezones. Ni hablar de mi columna que hoy viste smokings almidonados, suben y bajan semejando escaleras eléctricas de malles, jugando como aquellas pandemias recién preñadas.

La Insensible - (Je Suis Malade) Dina Bellrham

La Insensible


la insensible
jamás nutrió el bonsái
que habitaba en su ojo
descubrió que abrir las piernas
era más fácil que abrir los brazos
por eso revienta sus grifos
y enciende sus cuernos.
la insensible
mató la cuna y los pezones del hambre
nació columpio
y pronto se deshizo de los niños,
amarla es irrumpir el silencio de las piedras.
la insensible
por insensible dejará huérfana su sombra.
romperá su voz de lluvia
para olvidar la melancolía de los dientes.
la insensible transita en su diástole,
como su padre hecho ovillo
en alguna botella fermentada de espinas.
importa poco su esqueleto fútil
y la jauría carcomiendo los retratos.
la insensible prefirió arrancar sus oídos
a los relámpagos en su pecho.

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