A
“Más que por la A de amor estoy
por la A
de asma, y me ahogo
de tu no aire, ábreme”
de asma, y me ahogo
de tu no aire, ábreme”
Gonzalo Rojas.
La tumba me zumba desde la epiglotis. Cómo duele lanzar un grito
en medio de los árboles. Respirar se me ha vuelto tan desesperante. ¡Ah
disnea!, esa capacidad la tuya de dejarme trémula en media vereda, en media
cena, en media distancia hacia el apocalíptico murmullo de los bronquios, que
gimen su tortura; y pensar que quería usar la bufanda para apresurar el salto
de canguro del miocardio. Están de luto las sextas uñas. Vocifero una espuma de
hematíes y las palabras me salen cortadas, ahogadas… La tos es la muerte del
amor de cantinas. La tos no escatima súplicas a la afonía verde de los
insectos. Y pensar que siempre quiero marcharme dejando las maletas debajo del
catre, y el abrigo puesto en el cuerpo de otra.

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