Fugacidades
El
cuerpo se acuerda de un amor como encender la lámpara.
Alejandra
Pizarnik.
Las muertes momentáneas se escabullen en los retretes
mientras gasto mi sexta uña. Vos golpeas horizontal tu disnea y el tiempo pasa
por ti como los trenes del sur: marchitos. Yo soy el vacío devorado por
polillas y espectros, soy más que eso, soy el repetido roer de los baúles
abandonados en los áticos. Me aman vestida pues mi fachada produce náuseas y
lágrimas, elevar mis piernas y gritar, elevar mis piernas y romperme en miles
de voces. Los besos en la boca cuestan veinte dólares y me estoy quedando sin
monedas. Qué difícil parar las llamas cuando el incendio lleva años transitando
en las mismas llagas. Meretriz. Soy tu meretriz de cartera, y siempre termino
en el baño suplicando muerte a mi reflejo. Las sonrisas se disocian cuando caen
las cutículas. Prendo otro dedo, roncas y absorbes las paredes. El vacío
resbala a mis pies. Hacernos los cuerdos no conviene cuando las lágrimas nos
tiemblan en los ojos, cuajadas, estacionadas. Por eso nunca encendemos las
luces, para que los amores no aparezcan cual fantasmas suplicando abrir sus
tumbas.

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