Tratado de la Realidad
era mi rodilla el
bastón hambriento de polillas,
precaria, trémula,
descansada de iglesias,
porque mi realidad
cuando pasó
era sólo una
sospecha…
las luciérnagas no
necesitan interruptores
ni faros que guíen
su caída al abismo;
mi lluvia suicidó
la lumbre y los espejos.
porque mi realidad
siempre venía
absorta y enredada
en camillas blancas.
era mi sonrisa la
oreja de Van Gogh
en un florero de
mi estancia,
reía luego de las
visitas y los tentempiés;
porque mi rostro
era una simulación
de edificios y
autos estacionados,
porque el mar no
es mar
sin mis huesos
atados como madrépora en el fondo,
porque el amor no
es amor
desde que muero
por costumbre ilícita
y me resucitan por
limosna en los barcos.
era falda y dedo
gangrenado al filo de la luna
alimentaba a los
peces del dios mudo y ahorcado,
del dios que parió
panes en un cuento de ogros;
porque mi fe se
cayó con los dientes de leche,
y en el sudor de
un niño en el semáforo en rojo.
era una muñeca de
porcelana con afeites de tulipanes,
pero otras muñecas
rompieron sus rieles,
porque mi realidad
cuando pasó
era una sospecha
roja, cancerígena,
mundana

No hay comentarios.:
Publicar un comentario