Óleo
El tiempo reposa
en mis fosas nasales y es absurdo. Destruyo el nudo de la soga del péndulo,
abrazo el cuerpo cansado de mi perro. La soledad me habla su mundo de floreros
sordomudos. Ni a los niños en mis vías les permiten correr como estufas
incendiarias. No he podido pestañear las resbaladeras de antaño, los ojos de
mis manos quedaron adosados a cataratas, prisioneros. La sangre nunca más vio
la contaminación de los carruseles. Hasta mis lágrimas están cuajadas,
inventando los delitos. Hiedo a lámparas y a focos de velador pues me
arrancaron las luciérnagas de los pezones. Ni hablar de mi columna que hoy
viste smokings almidonados, suben y bajan semejando escaleras eléctricas de
malles, jugando como aquellas pandemias recién preñadas.

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