En Casa
Ha vuelto, pero está rabiosamente
mohína: llamemos a la farmacia, urjamos los brebajes y alfileres. En
volteretas tramemos la huida del pez en su estante de adorno. Aerobias eternas
nos han cosido los sueños al piso. Reos y genes circulan en nuestro tálamo, yo
vivía en el estómago de los retratos, y en la víspera de las esquinas, me
vestían con el cuerpo de una mujer canguro que tostaba su frente en la desidia.
Era murciélago anémico. Es notorio cuando vuelves y las muñecas crepitan,
sueltan sus gritos de péndulo, de antaño. Ambas, locura y helio, talamos lágrimas.
Se hace tarde en las palabras, las estaciones se dejan meter manijas; pero
nosotras vamos por el orbe masticando horas, cada vez hay menos niñas que
violar, todas van creciendo y se vuelven ninfómanas.

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