Mis
versos eran una mesa quirúrgica. Repartía incisiones desde el manzano. Los
bisturíes hacían sus barahúndas proletarias y pedían un día de guardar. Yo
azotaba sus filos a mi vientre hasta quedar vacua, bífida.
Ella
compartía sus escombros, su melancolía flotante.
Hace
tanto que no mastico su sexo ni violamos niñas. Ya no vendrá, he destruido su
templo, los gritos son ramas fibrosas, marcas —putos jeroglíficos—. Los
tranvías, los descarriados caminos relinchan polidípsicos. Solía construirte
las palabras náuticas desde mis carriles. Cuando era tripas y tu voz recóndita
me acercaba a los sismos.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario