Léase como ferrocarril
andando.
Hay
demasiados esqueletos caminando a mi alrededor no me dejan llorar. Me encierro en
el baño desnudo el riñón simulo lo indispensable. Lloro. Maldigo. Lloro. Doy
círculos. Me desesperan las voces que me dicen “tírate”. La mielina es un fantasma
en mis axones vagabundos. Necesito escapar. Muerdo mis uñas. Hay sangre en mis
ojos de insomnio. Me arden las ventanas las puertas. Hay cordura en mis labios.
Hay humanos demasiados humanos. Cerebros fábricas. Quiero huir. Debo huir. Las
farmacias semejan una juguetería. Amo las farmacias compraré muchos juguetes dos
muñecas para romperles la médula engendrarles dragones en sus faldas carnosas
¿Por qué no soy como los esqueletos ambulantes? Hay felicidad insecticida en
sus vientres flores oficinas anteojos carteras. Nunca entendí esto de usar
tacones y periódicos. Es tarde el día cumple su meridiano de lámpara. Es tarde.
Debo cancelar la cuenta de la caja electrónica. Sonreír porque se notan las
lágrimas.
No
deben verme. No hoy que me he sacado la máscara.

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