Intervenciones Burílicas
Si ya mi tráquea ha sido violada, ahora temen que no
sea capaz de atravesar un ofidio en la garganta de algún cuerdo en mitad del
quirófano.
Ella se torna histriónica, ladra, espumea bilis frente
a su placenta. Asesina los cortocircuitos de las alacenas, y cada gota que
derrama del techo-córnea al suelo-mejilla ebulliciona, no llena la copa de
Átropos. Aguantar los riñones pupilares es caer de narices a la diestra de mi
cruz. Si la vieran reposar en el aire mientras circulan sus sienes en una
barahúnda cualquiera. Si nos vieran desnudas saltando como átomos dispares, el
vaivén del parapléjico, nosotras acariciando amuletos fallidos, fermentado
arañas en mis uñas. Si contaran los lunares del oxígeno mientras invento
orgías.
Hay tantos árboles durmiendo bajo periódicos, virutas
en el césped. Nosotras seremos sus madres, aunque el blanco no va con mis
muelas, mis manos otorgarán injertos para seres asinápticos de carnicerías
fotografiadas; y al final del día valdrá la pena eso de fabricar narices y bocas
a mis llantos.
¿Temen?, si las dos ramas se aman más que cualquier
fruto que ha dormido en la entrepierna.

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