Bilis
Cómo si no tuviera antenas en la
espalda.
Me pasa por sacarme el chaleco
anti-dagas. Por sembrar piedritas en el riachuelo, por confiar como siempre en
que la mierda vuelve al humus. Y después reclaman la inconstancia de mis pies
en el concreto. Debo arrancarme las lágrimas y la bilis del ánfora. Retorno al
fantasma. Me entretengo derramando sangre por los orificios de los orificios que
me llaman desde un tumulto de tejido fibroso y mal oliente. El pulso, su tic-tac
como relámpago me llena los pulmones de oquedad, me hastía. Cómo si no fuera la
mujer que te crece en los omóplatos. Cómo si una migaja te bastara, cómo si no
supieras que me evaporo sigilosa, que sólo duele el inicio, que escapo a
suicidarme a mis tumbas, que me saco los huesos, que muerdo mi lengua, que purgo
las arañas de mi vientre, como si fuera de piedra. Me pasa por jugar a ser
humana.
La mujer de helio
Dina Bellrham
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