ALEJANDRA
Si palpitas o
no
y te enojan mis
golpes
en tu huerto de
músculos.
¡Es el miedo
Alejandra!: los platos revientan
frente al ombligo
de las
carteras,
los muebles
murmuran tus horas en el lago.
No hay padre,
Alejandra,
y mi rostro
cuelga
en las semanas.
Será otoño en las
tazas
los gritos habrán
cortado todos los hilos del orbe;
mi alcancía
rebosará
de puntos de
colores partiremos al fin, Alejandra.
Me arrancarás los
huesos
y me odiarás, me
aborrecerás,
sin voz, sin
manos, sin pies,
sin conocer mi
rostro,
sin escupir mis
marcas
sin llorar
bisoña
ya habrás muerto,
Alejandra.
Habremos muerto.
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