v (La
Cueva De B)
B es un San Francisco moderno que usa lenguaje coloquial, juega
con los burgueses y le hace preguntas que no tienen respuestas. Sonríe desde
las tumbas. Tiene migraña en los talones.
La mujer de helio visita su tempestad y se infla. Coagula las
pupilas y ríe gotas. Ambos beben su dolor en copas saturnales. Se injertan
silencios en las uñas. B tiene a la bruja de la hambruna junto a su tálamo,
ella muerde su esqueleto y colecciona las burbujas que B fragua en la bañera.
Le importa poco que no sea ella el residuo de los besos. Le importa un carajo
que la hornilla esté abierta y ella le tiente a encender un cigarro mientras
soporta el peso de los suicidas en sus bronquios.
B no entiende la sonrisa chueca de la mujer de helio, ni la alcanza
cuando viaja al caos. Acaricia las teclas de sus muelas, inventa orgías en el
invierno de un pedazo de pentagrama. La oscura lo mira y se irrita, me escucha
y me empuja a su puerta apolillada.
B siempre quiere exiliarse aunque haga prometer al helio que
abrace el cordón umbilical con rabia y garras. Se llena los bolsillos con
mafaldas, dice que las piedras pasaron de moda. Cocina, entrevista, canta,
escribe.
La sonrisa gastada de B firma autógrafos en las veredas. Se mofa,
de los que lo piensan feliz. Antes de dormir escoge el cuerpo para el día
siguiente, ha conseguido los mejores
disfraces como para no repetir ni uno sólo en la semana.

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