Los Amantes
La mujer de helio siempre busca al niño en las noches,
cuando el perro duerme con las patas al cielo y el rabo al infierno. Las manos
deambulan por la metrópolis de calles amputadas y veredas diminutas, simulan
una araña escapando de una mosca —las sombras alteran la realidad—. El novio y
la mujer de helio sonríen, besan sus tobillos; ella le dice que el mundo es una
alfombra innecesaria (piensa en sus venas, cierra los ojos), se decapita antes
de exponerse a calles desoladas, arranca la boca del novio y se la guarda para
estrujarla en la casa de cinco pisos. La mujer de helio se desnuda al llegar a
su cuarto, apaga las luces, llora dos vasos, maldice el catre vacío. El novio
sólo es novio cuando se le llenan los ojos con helio. Ella en su casa y él
metido en su sombrero-refugio, hasta el próximo encuentro. Cuando es tarde para
la mujer de helio, cuando se ha tragado un pájaro erecto.
El novio, la mujer de helio, los cuerpos, las manos,
el silencio, el mundo que hay en ella, sus ganas de abrirlo y de huir. La mujer
de helio engulle al novio cuando no
existe.
CUANDO EL AIRE SE VUELVE POESÍA

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