Nana
Déjame
escribirte eternamente
aunque acaricies mis labios con tu
pretexto de nana… A veces el calor
carcome mi sueño repetido,
no es necesario que me cobijes,
ni me hagas contar ovejas,
ni formules una fábula no creíble…
Prefiero dormir desnuda…
Los fantasmas me abrigan,
me susurran versos de aquellos días…
(Los días innombrables)
Esos
que los dos sabemos,
y los dejamos en esa escalera
paralítica… Para que el efecto aerobio los oxide… ¿Podrá la atmósfera dispersar las células?...
Sí, yo también creo que no.
(La
viscosidad es el hilo en que pendemos)
Pero eres tú, querida nana, que lo
sabes todo…
Me
gustó la historia esa del otro día…
Aquella que la princesa descubría que
el amor no existe… Ah! siempre preferí historias homólogas a mi tiara,
las más reales… Sin telarañas, sin testigos.
Ya
te dije que no es bueno comer antes de abrazar el dulce catre…
Deja mecerme en tu incorporeidad siniestra
aunque mi palma ya no sea tan fresca
y la lengua, un tic tac vicioso que
no quiere hablar.
Nana…
Deja de rondar mi guillotina azul pues
me tienta el abismo de ramas óseas…
No
quiero fábulas. Ni acres cobijas…
Quiero
tu boca aferrada a la mía…
Deja que ahora tu niña te cubra de
lirios como éste numen… Indescifrable
siempre…
Caótico…
Nuestro…
(aunque
mi péndola ya no sea poetisa)

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