
Cuerpos pintados: artistas latinos, chilenos
Los
cuerpos se curten solidarios en los abismos, alquímicos y arrendados.
Las voces subyugan lluvias parpadeantes. Cinco minutos y jadeantes
volvemos a injertarnos los relojes. Los cuerpos y las almas jamás
confunden placer con negocios. El silencio se cuartea, los esqueletos
tiemblan vacuos, y salimos como balas a las quimeras propias, huérfanos.
Los cuerpos nunca hablan del padre muerto o de la pareja infiel. Son
analgésicos, sucursales del tedio. Sexo de canciones arcaicas y poemas
muertos. Cigarrillos de sepelios. Suicidas fracasados. Los cuerpos se
curten, aprenden a sobrellevar los saltos de rayuelas mielínicas, se
saben lámparas o floreros y protestan cuando les atribuyen alas o
escaleras al músculo hastiado de puertas. A veces se enferman, se
cortocircuitan, gritan horizontales, son finitos, nauseabundos. Cuerpos.
Caminar, fornicar, morirnos impares. El polvo no sirvió de mucho en
nuestros músculos. Ni siquiera para obligar al rostro a erigir una
sonrisa.
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